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A
partir del VI Informe Estado de la Nación, el tema
de armonía con la naturaleza se aborda desde la perspectiva
de la gestión del patrimonio, del cambio y del riesgo. En
este Informe se enfatiza en los temas del agua, la energía
y el desarrollo urbano.
El
patrimonio natural de Costa Rica está constituido principalmente
por los bosques, los suelos y el agua, y por la biota que habita
en ellos. De esos tres componentes, el bosque es el que más
ha captado la atención de la sociedad costarricense en las
últimas tres décadas. Era, además, el recurso
más amenazado al inicio de ese período, lo cual dio
lugar a una sucesión de diagnósticos y políticas
que han producido resultados positivos a lo largo de los años.
En efecto, se logró revertir el proceso de pérdida
de la cobertura boscosa, en parte mediante la demarcación
de áreas bajo protección estatal y el otorgamiento
de incentivos y pagos al sector privado, y en parte también
debido al abandono de potreros y áreas de cultivo, que gradualmente
se van convirtiendo en bosque secundario. Los datos más recientes
estiman que entre el 41,0% y el 43,5% del territorio nacional está
bajo algún tipo de cobertura arbórea. De medidas destinadas
simplemente a proteger bosques primarios, detener la deforestación
y otorgar incentivos más o menos indiscriminados a la reforestación,
se ha pasado al diseño de corredores biológicos, al
manejo conjunto de áreas silvestres y zonas de amortiguación
entre el Estado y los propietarios privados, y al pago de servicios
ambientales, incluida (si bien todavía en muy pequeña
escala) la fijación de carbono. Aunque sigue existiendo tala
ilegal, ha disminuido la extracción de madera de los bosques,
y se ha incrementado la explotación de áreas agroforestales
y plantaciones madereras. Estas últimas son hoy el cultivo
con más extensión territorial en Costa Rica. Continúan
pendientes, sin embargo, grandes tareas. Una de ellas es la consolidación
de la propiedad del Estado sobre los parques nacionales, mediante
la indemnización a los anteriores propietarios de las tierras.
En este sentido hubo un modesto avance en el año 2000, al
cancelarse la deuda de la Hacienda Santa Elena en el Area de Conservación
de Guanacaste, erogación que representó más
de la mitad del presupuesto anual del SINAC. Otras tareas tienen
que ver con el establecimiento de indicadores de salud de los ecosistemas
- incluso aquéllos bajo protección-, con el fortalecimiento
institucional del SINAC, y con una mejor vinculación del
pago por servicios ambientales con el sistema de cuencas hidrográficas
y la necesidad de recarga y protección de los acuíferos.
El
agua, tanto dulce como salada, ha recibido mucho menos atención
que los bosques.
El resultado es que, pese a tratarse de un recurso relativamente
abundante, se encuentra en la actualidad bajo serias amenazas. El
proceso de urbanización, especialmente en la GAM, se ha dado
sin orden ni concierto, y sobre todo sin la provisión de
la infraestructura necesaria para el buen manejo del agua. La contaminación
de fuentes superficiales y el mal estado de los acueductos atentan
contra la salud de la población. Solamente el 75,7% de los
costarri-censes recibe agua potable, en gran medida por el mal estado
o el mal manejo de los acueductos, en especial los rurales y municipales.
Se estima que el 81% del agua para consumo doméstico y el
91% del agua de uso industrial provienen de cauces subterráneos.
Aunque no se conoce a ciencia cierta la condición actual
y el potencial de los principales acuíferos de la GAM -Colima
Inferior y Superior y Barva- existe el riesgo de que estén
siendo sobreexplotados por un total de 5.711 pozos que funcionan
legalmente, más un número indeterminado de pozos ilegales.
Lo más grave, sin embargo, son los efectos de la total insuficiencia
de alcantarillado sanitario. Por una parte, en la GAM hay unos 200.000
tanques sépticos, muchos de ellos defectuosos, y se está
empezando a sentir los efectos de la infiltración de aguas
negras hacia los man-tos acuíferos. A ello hay que agregar
la contaminación por agroquímicos, en especial por
la presencia de nitratos, que en algunas áreas ya duplica
el máximo recomendado por la OMS. Por otra parte, el agua
usada que se recolecta mediante el sistema de alcantarillado de
la GAM va sin ningún tratamiento al río Grande de
Tárcoles, y de allí al golfo de Nicoya. Los niveles
de contaminación en esos dos cuerpos de agua son extremadamente
graves. La pesca artesanal está en franca decadencia, mientras
la pesca industrial ejerce presiones crecientes sobre las poblaciones
pelágicas del mar territorial en el Pacífico. Por
otro lado, el mar territorial en el Caribe es actualmente objeto
de exploraciones petroleras autorizadas por el MINAE al amparo de
la Ley de Hidrocarburos. Grupos ambientalistas han manifestado serias
reservas sobre la calidad de los estudios de impacto ambiental presentados
para esas exploraciones. Definitivamente el agua, en todas sus formas,
deberá ser objeto de la atención privilegiada del
país en los años por venir.
Los
resultados del censo de población del 2000 confirman el proceso
de urbanización de la región central, así como
el crecimiento de ciudades secundarias. Además indican que
la población costarricense se desplaza hacia, y se concentra
en, áreas urbanas, impulsada por diferencias en las oportunidades
de empleo y en las posibilidades de acceso a servicios sociales
y educativos (mapa 1).
Los
procesos de urbanización e industrialización de las
últimas décadas han creado también nuevas demandas
en el campo energético y nuevas presiones ambientales. El
consumo de hidrocarburos crece a la par del parque automotor, y
ambos contribuyen a la contaminación del aire y al congestionamiento
urbano. En la ciudad de San José se efectúan diariamente
1,1 millones de viajes en vehículos de motor, a una velocidad
promedio de 10 kilómetros por hora. Además, en el
año 2000 una proporción creciente de esos viajes utilizó
gasolina regular por razones de precio, lo que aumentó la
ontaminación por monóxido de carbono y dióxido
de azufre.
La
dependencia del petróleo para generar electricidad ha disminuido
en años recientes; la generación térmica pasó
de ser el 22,0% del total en 1996 al 17,3% en el 2000. Esa reducción
se compensa por un aumento en la generación geotérmica
y en la hidroeléctrica de origen privado (13,5%). No obstante,
enfrentan barreras legales para su futuro desarrollo: la generación
geotérmica, por cuanto los principales sitios con potencial
de explotación se encuentran dentro de parques nacionales;
la hidroeléctrica privada porque está por alcanzarse
el límite de 15% de la oferta que le impone la ley que la
autorizó, y además por una resolución de la
Sala Constitucional, que obliga a todo nuevo solicitante de una
concesión de agua para generación eléctrica
a obtenerla en la Asamblea Legislativa.En este campo se han presentado
además controversias y litigios sobre las tarifas contratadas
entre el ICE y algunos generadores privados.
El
país avanza en el conocimiento de su rico patrimonio natural.
El INBio duplicó en el 2000 el promedio anual de nuevas especies
descritas, y la comunidad científica nacional como un todo
reportó la cifra récord de 331 especies nuevas. El
Ministerio de Educación Pública, por su parte, introdujo
la educación ambiental como un eje transversal en los programas
de estudio de primaria y secundaria, y el CONARE efectuó
el II Congreso Nacional de Desarrollo Sostenible.
En
cuanto al aprovechamiento de ese patrimonio, el INBio inició
en el 2000 un programa de financiamiento a empresas para el uso
productivo de la biodiversidad, con fondos del BID. El número
de visitantes a los parques nacionales se redujo respecto de años
anteriores. Empero, se realizaron inversiones por más de
400 millones de colones en senderos y otras instalaciones, con miras
a ofrecer mejores condiciones a los visitantes en el futuro.

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