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El
Informe Estado de la Nación contiene normalmente un
capítulo especial, cuyo
tema cambia año con año, y que se dedica al análisis
de un aspecto relevante de la realidad nacional. Para este VII Informe,
el Consejo Consultivo escogió el tema de la equidad de género,
que se había venido abordando en los informes anteriores
como enfoque en todos los capítulos, con mayor profundidad
en aquellos temas sobre los cuales se disponía de información.
Los Informes de Desarrollo Humano del PNUD han permitido
observar que, en términos generales, el trato que las sociedades
dan a sus mujeres marcha en forma paralela con su nivel de desarrollo
humano en todos los órdenes.
En
este Informe el tema de la equidad de género se enfoca primordialmente
desde la perspectiva de la situación de la mujer, que es
donde se encuentran los principales retos, en áreas como
las condiciones educativas y laborales, la agresión sexual,
la violencia doméstica y la participación política.
Se estudia la evolución de las variables relevantes entre
1990 y el año 2000, período en el cual el país
experimentó un notable dinamismo en este orden de cosas.
Se suscribieron importantes convenios internacionales y se promulgó
abundante legislación, entre la más reciente e importante:
la Ley de Paternidad Responsable (2001) y la Ley Contra la Violencia
Doméstica (1996) (cuadro 5).
Asimismo, nacieron nuevas instituciones dedicadas a defender esos
derechos, en especial la Defensoría de la Mujer, las oficinas
ministeriales y sectoriales de la mujer, las comisiones y oficinas
municipales, y el Instituto Nacional de la Mujer (INAMU) a cuya
titular se le dio el rango de Ministra en la Administración
Rodríguez.
El
Informe constata que la condición educativa de la mujer costarricense
tuvo una evolución claramente favorable en el período,
no sólo respecto de su situación
anterior, sino también en contraste con los hombres. Hay
más mujeres que hombres en todos los niveles del sistema
de educación formal, desde la primaria hasta la universitaria,
y su tasa de escolaridad promedio es superior. Subsisten, no obstante,
preocupaciones sobre la existencia de un currículum
oculto a lo largo del proceso educativo, que conduciría
a fenómenos de segregación en la escogencia de carreras
universitarias. En efecto, la participación de las mujeres
es menor en las carreras científicas, que en aquellas que
tienen que ver con las artes, las letras y la educación.
Estos
fenómenos se reflejan en el mundo laboral. Desde 1995, la
PEA femenina ha crecido más del doble que la masculina, ubicándose
principalmente en los sectores de servicios y comercio, y ha acortado,
aunque en forma muy lenta, su brecha salarial respecto de los hombres.
Del total de personas que trabajan tiempo completo, el 28,0% de
las mujeres son profesionales o directivas, frente al 15,7% de los
hombres. Ellas representan casi la mitad de las personas ocupadas
como profesionales o técnicas, especialmente en el sector
público, aunque desempeñan menos de la tercera parte
de los puestos directivos, tanto en el sector público como
en el privado. También se registra un crecimiento en el núme-ro
de mujeres propietarias de negocios, que pasó del 9,6% al
17,7% entre 1990 y 1999 para establecimientos con nueve ocupados
o menos, con un notable incremento en el área rural.
Sin
embargo, los espacios laborales que las mujeres han logrado abrirse,
principalmente
a base de estudio, no llegan todavía a contrarrestar la tendencia
hacia la feminización
de la pobreza, que se caracteriza básicamente por la presencia
de jefatura femenina
en un porcentaje creciente de los hogares pobres. Ese fenómeno
es en realidad el núcleo de convergencia de una serie de
problemas asociados que contribuyen a la vulnerabilidad de las mujeres.
Tiene que ver con el alto porcentaje de hijos nacidos fuera del
matrimonio (el 53% del total de nacimientos en el año 2000),
de los cuales el 59% no tuvo padre declarado. Además, una
proporción creciente de los nacimientos se da en madres menores
de 20 años (21,2% en el 2000). Todo ello genera una cantidad
considerable de mujeres jóvenes que se convierten en jefas
de hogar, muchas de ellas sin ningún apoyo, lo cual limita
sensiblemente no sólo sus oportunidades de desarrollo personal,
sino también las de sus hijos. En efecto, las cifras muestran
que es a las jefas de hogar jóvenes (34 años o menos)
a quienes más afectan la pobreza y la pobreza extrema, en
este último caso 8 puntos porcentuales por encima del promedio
nacional.
Asimismo,
las tasas de desempleo abierto y subempleo visible son más
altas en las mujeres que en los hombres, y es mucho mayor el porcentaje
de ellas que dice no poder trabajar del todo, o no poder hacerlo
a tiempo completo, por tener que atender deberes familiares.
Varias
acciones institucionales tienden a combatir, si bien de manera todavía
puntual
e insuficiente, la feminización de la pobreza. La Ley de
Protección a la Madre Adolescente y el Programa Construyendo
Oportunidades procuran crear capacidades en las mujeres para
que puedan mejorar sus condiciones de vida. La suscripción,
en el 2000, de un convenio entre el INAMU y el Banco Nacional, para
destinar 350 millones de colones a crédito para pequeñas
empresarias, es también un modesto paso en esa dirección.
La
aprobación de la Ley contra la Violencia Doméstica
y de la Ley contra la Explotación
Sexual de Personas Menores de Edad, en 1999, ha sacado a la luz
dos de los fenómenos que más gravemente atentan contra
la seguridad personal y la salud de las mujeres. Desde 1997 las
denuncias por violencia doméstica han aumentado en más
de 5.000 al año. La línea telefónica establecida
por el INAMU en 1997 para atender a mujeres agredidas recibió
más de 37.000 llamadas en el año 2000. Una de cada
cuatro mujeres dijo haber sido amenazada de muerte, y una de cada
ocho dijo haber sido atacada con un arma. En el 2000, dieciséis
mujeres murieron por violencia intrafamiliar y cinco por violencia
sexual. Los instrumentos legales de protección a las mujeres
han actuado como un factor de disuasión para prevenir más
agresiones; no obstante, muchos procesos se truncan debido a que
los juzgados erróneamente promueven conciliaciones entre
las partes, o bien a causa de la no comparecencia de la víctima.
Las
denuncias por delitos sexuales han aumentado en forma continua desde
1991. El delito más denunciado es el de abusos deshonestos,
que comúnmente se produce contra menores de edad. La explotación
comercial de niñas, niños y adolescentes ha sido objeto
de atención creciente, en parte porque ha aumentado el número
de denuncias desde la aprobación de la ley respectiva, y
en parte por la atención que han dedicado al tema medios
de comunicación internacionales, asociándolo al turismo.
En enero de 1998 entró en funciones una fiscalía especializada
en delitos sexuales y violencia doméstica, que ha debido
apoyarse en organizaciones privadas por falta de recursos para trabajar.
Desde
la perspectiva de la salud integral las mujeres se han abierto espacios,
y así lo constatan los esfuerzos que realizan diversas instancias,
como la Comisión de Derechos Sexuales y Reproductivos, la
Comisión Nacional Integral del SIDA, la Defensoría
de los Habitantes, el Programa Nacional de Prevención y Atención
de Cáncer Cérvico-Uterino y la transformación
de la clínica Maternidad Carit en Hospital de las Mujeres.
Las
mujeres también han venido ganando espacios en los cargos
públicos de elección popular. En la actualidad las
dos Vicepresidencias de la República son ocupadas por mujeres,
y hay once diputadas. El 34,2% de los regidores municipales titulares
son mujeres. Ha quedado claramente establecido por el Tribunal Supremo
de Elecciones, para los procesos electorales futuros, que el 40%
de la cuota femenina mínima que exige la ley debe aplicarse
a los puestos elegibles, lo cual garantiza una representación
mucho mayor de las mujeres en futuras papeletas. Los problemas se
ubican más bien al interior de los partidos políticos,
en términos de las condiciones que se ofrecen a las mujeres
para el ejercicio de su participación, que no siempre son
favorables por razones culturales y económicas.
El
capítulo concluye que, en materia de equidad de género,
Costa Rica se encuentra
a mitad del río. Ha logrado notables progresos
institucionales, pero tiene significativas
tareas pendientes.
 
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