PrólogoEstadísticas
Oportunidades, estabilidad y solvencia económicas

Los resultados de la economía costarricense en el año 2000 ponen de manifiesto, una vez más, la desarticulación entre las exportaciones de alta tecnología y el resto de la producción, tal como se ha señalado en las dos últimas ediciones de este Informe. En el 2000 esa desarticulación se expresó de manera inversa a la de años anteriores. En 1998 y 1999 las exportaciones de Intel se reflejaron en un alto crecimiento del PIB, sin que ello comportara mejoras sensibles en el empleo, el ingreso nacional disponible y otros indicadores internos de la economía (véase el capítulo 3 para un análisis más detallado sobre Intel y otras actividades de alta tecnología). En el año 2000 esas exportaciones se redujeron un 30%, y con ellas disminuyó ostensiblemente el crecimiento del PIB, de 8,4% a 1,7%, sin que por ello aumentara la tasa de desempleo -que más bien se contrajo levemente- ni hubiera un descenso drástico en el ingreso nacional disponible por habitante (gráfico 2).

GRAFICO 2

Costa Rica: índice del PIB real, ingreso nacional disponible real
y población ocupada. 1991-2000
(base 1991=100)
Fuente: Elaboración propia con datos del INEC y BCCR.

En el año en estudio la economía costarricense fue sometida a duras pruebas en el frente externo, de las cuales salió relativamente airosa. No sólo se redujeron las exportaciones de Intel, sino que además bajaron las de banano y café, y el precio de los hidrocarburos aumentó cerca de un 60%. Globalmente, el deterioro en los términos de intercambio fue de 11,8%, el más alto en una década. El déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos fue del 5,5% del PIB, el mayor en los últimos siete años. La entrada neta de capitales decreció en 387,6 millones de dólares respecto de 1999. Sin embargo, la economía no se desestabilizó:las reservas monetarias internacionales se mantuvieron dentro de un margen razonable, no hubo presión sobre el tipo de cambio, la inflación fue apenas superior al 10%, la deuda pública total prácticamente no aumentó, y de hecho existió un crecimiento del PIB, aunque modesto. A esa capacidad de asimilar los golpes externos contribuyeron varios factores: una administración prudente de la política monetaria, ingresos fiscales extraordinarios por el aumento en los hidrocarburos y, sobre todo, el hecho de que la base productiva del país se ha diversificado considerablemente en las últimas décadas, en especial en la producción exportable.

La pregunta es si esa economía, que muestra cierta capacidad de resistencia ante circunstancias externas adversas, está creando cimientos para un crecimiento sostenido en el futuro, que le permita entre otras cosas reducir en forma significativa la pobreza. En este orden hay señales negativas y positivas. Del lado negativo hay que apuntar la reducción, por segundo año consecutivo, en la formación bruta de capital como porcentaje del PIB, lo que compromete, al menos en lo inmediato, las posibilidades de crecimiento. Además, como resultado de las dificultades fiscales, la inversión pública en infraestructura mantiene un rezago, a pesar de los incrementos en la inversión de años recientes. La falta de vínculos del sector de pequeñas y medianas empresas con compañías de zonas francas continúa siendo una debilidad. Del lado positivo se puede señalar ciertas ventajas en cuanto a competitividad, asociadas a seguridad jurídica y a inversión en el recurso humano, el dinamismo de otras actividades como la exportación de software y el inicio de esfuerzos para articular mejor la producción nacional con las nuevas exportaciones.