SINOPSIS


La presente Sinopsis se organiza en tres apartados, en concordancia con la estructura general de esta publicación. En el primero se ofrece una síntesis de las valoraciones y principales hallazgos de cada uno de los capítulos usuales del Informe. El objetivo es brindar a los y las lectoras, a manera de guía general, una puerta de entrada a los análisis más amplios y detallados que se exponen en la Parte I del Informe, titulada " Seguimiento del desarrollo humano" . El segundo apartado resume los principales componentes de los "Debates para el desarrollo" que conforman la Parte II del Informe. Finalmente, el tercer apartado presenta los valores de un conjunto de índices internacionales, que permiten comparar la situación de Costa Rica con respecto a otras naciones, así como detectar cambios en el tiempo en estas valoraciones externas del país.

Seguimiento del desarrollo humano
Equidad e integración social

En el año 2005 Costa Rica se alejó de la aspiración de que las personas puedan aumentar sus ingresos para llevar una vida digna. Esto se fundamenta en la caída de los ingresos de los ocupados por tercer año consecutivo, así como en la disminución del ingreso social proporcionado por el Estado a los hogares y a las personas. Fue un año más de estancamiento y de postergación de decisiones, en perjuicio de la gente y de las instituciones, sobre todo de los más pobres, que incrementó el descontento ciudadano.

De acuerdo con la Encuesta de Ingresos y Gastos (ENIG) del INEC, el coeficiente de Gini pasó de 0,358 a 0,475 entre 1988 y 2004. Esto significa que Costa Rica pasó de tener niveles de desigualdad cercanos a los de países europeos, a rangos más cercanos a los de otras naciones latinoamericanas que destacan entre las más desiguales del mundo. Las mediciones de corto plazo realizadas con la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples (EHPM), si bien muestran oscilaciones de un año a otro, reafirman esta tendencia de largo plazo y ofrecen evidencia de un empobrecimiento de las capas medias de ingreso. En los últimos años (20012005), la medición de la desigualdad con este instrumento reporta una mejora que, sin embargo, lejos de constituirse en una buena noticia, expresa que el deterioro general de ingresos está alcanzando a los sectores profesionales medios (décimo decil captado por la EHPM), de tal forma que las brechas se están cerrando, pues los ingresos de estos grupos tienden a decaer y ser más cercanos a los rangos más bajos.

En el lapso de dieciséis años transcurridos entre las dos ENIG, el aumento de la brecha de ingresos entre pobres y ricos se expresa por el deterioro que experimentaron los pobres, pues la tasa promedio de crecimiento anual de sus ingresos experimentó una caída de casi un 1% real por año, mientras que la de los ricos tuvo un incremento del 4% anual en el mismo período.

Los resultados de largo plazo en materia de inequidad no tienen un impacto social más negativo debido a que el país se apoya sobre un umbral de alto desarrollo humano, que tiene por base la existencia de instituciones que han mantenido por décadas políticas de carácter universal. Estas instituciones logran sostener, y en algunos casos aumentar, la acumulación de capacidades en temas clave en virtud de un relativamente alto, aunque insuficiente, nivel de inversión social. Es así como, en relación con la aspiración de tener una vida larga y sana, en el 2005 la esperanza de vida al nacer fue la más alta registrada hasta ahora en el país: de 79,1 años para ambos sexos, 76,9 para los hombres y 81,4 para las mujeres. Esta medida, además de expresar la longevidad de la población, resume las condiciones de mortalidad imperantes. El aumento en la esperanza de vida en los últimos cinco años se debe sobre todo a cambios en la mortalidad de los mayores de 65 y menores de 89 años. Por otro lado, la mortalidad infantil mostró un leve incremento en el 2005, al pasar de 9,25 a 9,78 por mil nacidos vivos, pero fue la segunda más baja en la historia.

Con respecto a la aspiración de tener un sistema de salud universal en la cobertura, equitativo en el acceso y solidario en el financiamiento, destacan varios hechos relevantes. Los servicios de salud presentan mejorías tanto en las coberturas como en la calidad de los servicios, de acuerdo con resultados de la evaluación de los compromisos de gestión de la CCSS correspondientes al 2005, al tiempo que hay esfuerzos importantes por reducir las brechas entre coberturas totales y coberturas con calidad, aunque se requiere un mayor empeño para que se cumplan los criterios de atención de la "norma integral" en todas las consultas. El Informe reporta un aumento significativo en la cobertura de las personas hipertensas (de 73,6% en el 2000 a 84,3% en el 2005) y un avance sustancial en la atención integral con cumplimiento de los criterios antes mencionados (de 28,4% en el 2000 a 67% en el 2005). A diciembre del 2005, los asegurados directos en el seguro de salud ascendían a 1.095.187 personas, un 6,9% más que en 2004. Visto desde la PEA, el seguro de salud cubría al 55,0% del total, al 61,0% de la PEA asalariada y a un 45,3% de la no asalariada. Destaca el notable incremento de 6,1 puntos, en la cobertura del seguro de pensiones en la PEA no asalariada entre 2004 y 2005. Estos datos reflejan el esfuerzo que está realizando la CCSS para captar a los trabajadores independientes, como parte de una política institucional para fortalecer la cotización en los seguros de salud y pensiones (CCSS, 2006).

Preocupan las dificultades que enfrenta el país en temas importantes. La incidencia del dengue ha seguido aumentando, y no obstante el patrón cíclico de la epidemia, las cifras muestran que no ha existido ningún control que implique una reducción sostenida. En el 2005 se reportaron 37.798 casos, el registro más alto desde que reemergió la enfermedad en 1993, para una tasa de 87 por diez mil habitantes. Este dato ubica a Costa Rica como el país con la tasa de incidencia más alta de América Latina, superando por amplio margen a los dos países que le siguen (Honduras con 25,6 y El Salvador con 22,2 (PAHO, 2006). El aumento del 2005 significa que una gran parte del territorio nacional tiene presencia del mosquito transmisor del virus, y por tanto, que los riesgos se han extendido más allá de lo que se puede atender de manera inmediata y con actividades de control localizadas. Inicio Inicio

Otro tema que preocupa es el panorama nutricional y su relación con los hábitos alimentarios de la población. Diferentes estudios y encuestas evidencian un cambio en el perfil del país en esta materia, de modo tal que los problemas más frecuentes están ahora asociados a excesos en el consumo de energía (grasas y azúcares en particular), lo que genera sobrepeso y obesidad en edades cada vez más tempranas, y afecta ya a adolescentes y escolares, tanto en zonas urbanas como rurales. Esta situación contrasta con la que prevaleció en el país durante el siglo XX, cuando la desnutrición era el principal motivo de preocupación en este ámbito.

Los nuevos desafíos que plantea el cambio en el perfil epidemiológico de la población, así como los problemas de gestión institucional y calidad de la atención que se han venido incrementando en los últimos años, se pusieron de manifiesto en el 2005 con el trágico incendio del Hospital Calderón Guardia, o bien con los problemas de recursos humanos y equipos reportados al Ministerio de Salud por los hospitales regionales y periféricos y del primer nivel de atención. El episodio del incendio, además de la lamentable pérdida de vidas humanas, evidenció la lentitud del sistema para tomar medidas correctivas y oportunas sobre problemas que ya habían sido señalados por estudios previos del Ministerio Salud y el Cuerpo de Bomberos (INS, 2004, 2005 y 2006). El daño en infraestructura que sufrió el Hospital Calderón Guardia afectó la atención de casi un millón de usuarios de ese centro médico y las pérdidas materiales ascendieron a 19.396.000 dólares, según estimaciones de la CNE (Decreto de Emergencia 32479-MP-S-H). La evaluación más reciente del Ministerio de Salud indica que el 63% de las construcciones hospitalarias del país son obsoletas para las funciones que desempeñan (Ministerio de Salud, 2006a). Se considera que los aspectos de seguridad e higiene del trabajo, prevención de emergencias y desastres, manejo de desechos y fluidos sólidos y gaseosos, están en estado crítico y a punto de colapsar (Ministerio de Salud, 2006b).

El tema de los recursos humanos del sector salud es complejo y necesita urgente atención y planificación a fin de atender los requerimientos del sistema, tal como lo indica un estudio realizado por el CENDEISS en el 2002. Entre la graduación de médicos residentes y las necesidades de especialistas existe una brecha que implica un déficit de 448 profesionales en los siguientes cinco años y de 1.068 a diez años (Parada et al., 2002).

En cuanto a la aspiración de que los habitantes del país puedan acceder al conocimiento y desarrollar destrezas que les permitan vivir la vida que valoran, en el año bajo análisis se siguieron registrando mejoras en las coberturas de todos los niveles del sistema educativo tradicional, especialmente en pre-escolar, donde el ciclo de transición (6 años) alcanzó una cobertura de 92,2%, y en la secundaria, que mostró tasas de escolaridad de 75,6% (bruta) y de 66,1% (neta). No obstante, preocupan las coberturas del cuarto ciclo o ciclo diversificado, que se mantuvieron cercanas al 40,1%. Para todo el país la escolaridad promedio aumentó tan solo 1,3 años entre 1988 y 2004 (de 6,5 a 7,8 años), lo cual deja en evidencia la necesidad de fortalecer la educación nacional, cerrar brechas y no permitir retrocesos. Las tasas específicas de escolaridad por edades simples siguen reflejando el proceso de abandono y desgranamiento del sistema educativo, que comienza a presentarse de manera paulatina a partir de los 12 años, cuando se reduce a 92,3% en comparación con 98,2% a los 11 años, y continúa descendiendo a medida que aumenta la edad.

La expulsión que el sistema educativo nacional hace anualmente de niños y jóvenes, un asunto sobre el cual este Informe ha insistido en forma reiterada, sigue siendo un motivo de preocupación en tanto revela con claridad una situación de pérdida de capacidades y, hacia futuro, de falta de oportunidades para la población afectada. En la educación primaria la expulsión se mantiene dentro de sus tendencias de los últimos quince años, con un leve descenso que va de 4,9% en 1998 a 3,4% en el 2005, y algunas oscilaciones en el medio. En la educación secundaria, luego de un período en el que este fenómeno mostró una importante tendencia hacia la disminución, en los últimos tres años volvió a incrementarse, al pasar de 10,4% en el 2003, a 11,6% en el 2004 y 12,5% en el 2005. En sétimo año estas cifras alcanzaron 16,6%, 18,3% y 19,2%, respectivamente. Las tasas más elevadas siguen registrándose en las etapas de transición, al ingreso a secundaria en sétimo año y al inicio de la modalidad diversificada en décimo año.

En ediciones anteriores se ha discutido el tema de las brechas entre la educación pública y la privada. Este año el Informe ha hecho esfuerzos adicionales en este ámbito, al incorporar un análisis exploratorio de la información disponible sobre diversas variables de desempeño de los colegios de la GAM durante el período 2002-2005, el cual arroja evidencia clara sobre las brechas que existen entre los distintos tipos de instituciones. La tasa de deserción promedio es muy baja en los colegios privados y en los centros que reciben subvención estatal, y relativamente baja en los colegios técnicos profesionales (en los tres casos no supera el 5% de los alumnos), pero se incrementa de modo sensible en los colegios públicos académicos diurnos. El análisis de desempeño educativo (en términos de capacidad para retener a sus estudiantes en undécimo año y graduarlos con buen rendimiento) según el tipo de centro, muestra que, en un listado de 215 colegios de la GAM ordenados según estos criterios, el primer colegio público académico diurno aparece en el puesto 63. El Informe también incluye una exploración cualitativa que busca identificar factores asociados al éxito que han obtenido diversos tipos de centros educativos. Pese a las diferencias en la composición del alumnado y el profesorado, entre otras, en todos los colegios exitosos se observan patrones comunes, como el rigor académico, la clara identidad de las instituciones, estricto apego a las metas académicas definidas y el papel clave que juega la figura del director (Unimer R. I., 2006).

Un hallazgo relevante es que, como resultado de la deserción y la reprobación, el país pierde por año cerca de 51.000 millones de colones, que representan un 0,5% del PIB. Si bien es cierto que no todo lo invertido en un alumno que pierde el curso lectivo y tiene que repetirlo, o en uno que lo abandona sin completarlo, es una pérdida neta, pues algún aprendizaje se obtuvo y algunas destrezas se desarrollaron, lo real es que el proceso no se completa o el Estado debe repetir el esfuerzo elaño siguiente, y en esa medida la inversión obtiene un menor rendimiento (Trejos, 2006).

En términos de la aspiración de que las personas puedan tener una vivienda digna y desenvolverse en un entorno libre de amenazas, el país mostró pocos cambios en el 2005. El acceso a vivienda para los hogares de menores ingresos contó con menos apoyo estatal en el 2005 con respecto al 2004. La cantidad de bonos de vivienda otorgados disminuyó en un 14% y la inversión total se redujo en casi 700 millones de colones. En el 2005 se suspendieron las auditorias de la calidad de la vivienda que se venían realizando en este sector, porque la Comisión de Asuntos Hacendarios de la Asamblea Legislativa eliminó la partida presupuestaria correspondiente (Fallas, 2006; FUPROVI, 2006b). Por otro lado, se mantuvo la tendencia de incremento en los delitos contra la vida, particularmente en los homicidios. La tasa de víctimas que fallecieron en un accidente vehicular (incluyendo motocicletas y bicicletas) fue de 14,8 por cada cien mil habitantes. La tasa de criminalidad y la tasa de delincuencia crecieron por segundo año consecutivo. Inicio Inicio

Un estudio preparado para este Informe indagó sobre factores familia-res, comunitarios y de política pública asociados al éxito o no éxito de proyectos financiados por medio del bono familiar de vivienda, y acerca de los costos que implica para los hogares vivir en comunidades deterioradas. Entre otros aspectos, se determinó que promover la participación de los beneficiarios en el desarrollo de actividades colectivas, como la construcción de la infraestructura o en obras comunales post-construcción, es un factor asociado a las comunidades más exitosas (no así otro tipo de participación). También se identificaron factores relevantes para el diseño de las políticas públicas de vivienda, como la necesidad de mejorar la calidad de los estudios socioeconómicos para calificar a los potenciales receptores del subsidio, la agilización de los trámites y evitar el "clientelismo" en el otorgamiento del bono. Con respecto a los costos para las familias, el estudio mostró que quienes viven en proyectos muy deteriorados (no exitosos) tienen que invertir más que los que viven en las comunidades en mejores condiciones (exitosas) en remodelar y ampliar casas que no les satisfacen. Además, consideran su entorno más inseguro y de menor calidad (FUPROVI, 2006a).

Los avances en materia de igualdad de oportunidades son escasos. El país se alejó de la aspiración de que las personas puedan aumentar sus ingresos para llevar una vida digna. Como ya se mencionó, por tercer año consecutivo la remuneración promedio de los ocupados (en la ocupación principal) volvió a caer en términos reales, esta vez en un 3,7% con respecto al año anterior (en el 2004 se había reducido en 5,8% en relación con el 2003). Por sector de ocupación la caída del 2005 se dio en todos los sectores, principalmente en el informal (5,4%). A esta tendencia se agrega la disminución del ingreso social proporcionado por el Estado a los hogares y a las personas, que en términos per cápita acumula en los últimos tres años una contracción real de 6,3% (gráfico 1.1). Esta erosión del ingreso social es el resultado de políticas restrictivas orientadas a sostener la estabilidad, en un marco de severa insuficiencia fiscal. La reducción se materializó en acciones concretas que afectaron gastos en salud y vivienda, y que tuvieron repercusiones críticas en el caso de los recursos que el FODESAF destina a la atención de los sectores más pobres de la población. Por primera vez en su historia, este Fondo no recibió dinero alguno por transferencia del impuesto sobre la renta.

Para sortear la situación descrita, los hogares incorporaron nuevos miembros a la fuerza laboral, generalmente en empleos de baja calidad. El número de perceptores de ingreso pasó de 1,44 a 1,51 por hogar, lo que ocasionó un aumento en los ingresos de los hogares de un 2,8% entre 2004 y 2005, equivalente a un 3,8% en términos per cápita. Esta inserción de más personas al mercado de trabajo es lo que per-mite entender que, pese a la caída de los ingresos por ocupado, los hogares hayan percibido más ingresos.

El porcentaje de hogares pobres se mantuvo básicamente en el mismo nivel (pasó de 21,7% a 21,2%, lo que está dentro del margen de error de la medición; (gráfico 1.2). Si se añade la proporción de hogares vulnerables (13,2%), que fue ligeramente superior a la del año anterior, el resultado es un total de hogares en situación de pobreza o vulnerabilidad de 34,4%, cifra similar al 34,2% del año previo. Esto sugiere que el aumento en el número de perceptores, por sí solo, no es suficiente para reducir la vulnerabilidad. Los hogares con jefatura femenina siguen mostrando la mayor incidencia de pobreza, pues supera en 7,1 puntos porcentuales a los hogares con jefatura masculina (Sauma, 2006). Inicio Inicio

En el año 2005 se reportó un incremento en el número de ocupados, de1.653.879 a 1.776.903, es decir 123.024 personas más, una cifra considerable-mente mayor que la observada en años anteriores. Esto se refleja en el crecimiento de la tasa neta de participación, que en el año 2005 alcanzó un 56.8% para ambos sexos; en los hombres creció un 1,4%, mientras que para las mujeres lo hizo en un 9,8% que representa el incremento más alto de los últimos quince años. La rama de "hogares privados" con servicios domésticos captó una cuarta parte del aumento y una tercera parte se ubicó en la categoría "no calificada". La importancia relativa de los ocupados de tiempo parcial se amplióen el 2005, pues uno de cada cinco de ellos desempeñó ocupaciones de menos de 15 horas y otro de cada cinco actividades de 15 a 30 horas. Cabe señalar que parte del incremento en el número de ocupados se relaciona con una mejor captura de información, sobre todo en lo que concierne al empleo de las mujeres, lo cual pone en evidencia un problema de invisibilización del trabajo femenino.

Un aspecto que llama la atención es el aumento de los ingresos que experimentaron los hogares más pobres por concepto de transferencias de dinero, las cuales pasaron de representar un 10,4% del total de ingresos en 1988 a un 21,4% en el 2004, para un crecimiento anual promedio de 3,6%.

Es importante destacar el esfuerzo que ha hecho el INEC, al producir la nueva Encuesta de Ingresos y Gastos. Este instrumento brinda un amplio y valioso acervo de información que permitirá extender y profundizar el análisis sobre las tendencias y transformaciones que experimentó el país entre 1988 y 2004, en términos de la estructura de las fuentes de ingresos y la forma en que los hogares distribuyen ese ingreso para adquirir bienes y servicios (recuadro 1.2).

Este año el capítulo "Equidad e integración social" hace un importante esfuerzo de incursión en el análisis de brechas de género y brechas regionales. En este último caso persisten notables diferencias en numerosos indicadores entre cantones. Destacan los valores altos reportados tanto en el índice de Gini como en el porcentaje de hogares pobres para la totalidad de los cantones de Guanacaste o la región Chorotega, y de la región Brunca y todos -excepto uno-de los cantones de la Pacífico Central.

Elanálisisdebrechasdegéneromuestra pocos cambios en las tendencias generales que se han venido señalando en informes anteriores. En materia de empleo, en el 2005 la tasa neta de participación femenina alcanzó un máximo histórico del 40,4%, aunque esto no se tradujo necesariamente en mejores condiciones de inserción para ellas, como lo evidencia su tasa de subutlización total, que fue 6,5 puntos mayor que la de los hombres, y que muestra un importante aumento en los últimos diez años, lo cual se explica por el mayor impacto del desempleo abierto femenino que alcanzó 9,6% en el 2005, y el subempleo visible, que se ubicó en 7,5%.

El Décimo Informe constató que la inversión social pública (ISP) de los años noventa impactó la tendencia a la concentración del ingreso, no cambiando su dirección pero sí disminuyendo su intensidad, cumpliendo así un papel clave para el logro de la aspiración nacional de tener una sociedad cada vez más equitativa e integrada. No obstante, en el 2005 la ISP per cápita mostró una contracción real por tercer año consecutivo, asociada a restricciones fiscales crecientes que ponen en peligro la sostenibilidad financiera de esta inversión. Los recursos disponibles para financiar sanamente los gastos sociales con los ingresos tributarios se redujeron desde un nivel del 9% del PIB, hasta algo menos del 7% en el último quinquenio (Trejos, 2006). Además de estos problemas, las instituciones ejecutoras de la ISP muestran debilidades de gestión que se han venido señalando en informes anteriores. Esta edición incluye un trabajo exploratorio basado en un conjunto amplio de estudios realizados por la CGR sobre diversos programas sociales, con el fin de determinar el tipo y la frecuencia de los problemas de gestión que experimentan estos programas. El estudio identifica tres grandes categorías de causas relacionadas con los problemas de gestión de las instituciones: situaciones vinculadas a decisiones políticas, débiles capacidades gerenciales de las autoridades responsables y los mandos medios, y procesos de planificación y registros de las poblaciones beneficiarias deficientes o inexistentes. Esto, a su vez, impide la realización de evaluaciones periódicas y la puesta en marcha de acciones oportunas frente a los problemas que se van presentando. Los resultados así obtenidos representan un primer esfuerzo por sistematizar las dificultades de gestión de las instituciones.

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