En el 2005 hubo aspectos positivos y negativos que caracterizaron
el año en términos de oportunidades, estabilidad
y solvencia económicas. Entre los elementos positivos se
encuentra un crecimiento del PIB de 5,9%, el cual fue impulsado
principalmente por el dinamismo del sector exportador,tanto agrícola
como industrial. En el ámbito fiscal, el déficit
del Gobierno Central pasó de representar el 2,7% del PIB
en el 2004 a 2,1% en el 2005. También mejoró la
capacidad de la economía para atender sus necesidades de
corto plazo, mediante la acumulación de reservas monetarias
internacionales. Entre los aspectos en los que no se logró
avanzar destaca el deterioro en la estabilidad y la solvencia
económicas -sostenibilidad- que coloca a la economía
costarricense en una situación de alta vulnerabilidad.
Esto se manifiesta en la fuerte dependencia de los ingresos
por inversión extranjera directa para financiar la
cuenta corriente, dado el incremento significativo del déficit
comercial en los últimos años, y en la fuerte reducción
del gasto en inversión social y en infraestructura, que
compromete las posibilidades de generar crecimiento en el futuro.
En materia monetaria en el 2005 se registró el nivel de
inflación más alto de los últimos ocho
años, 14,1%, el cual estuvo lejos de la meta inflacionaria
del 10% propuesta por el BCCR. Este comportamiento se explica
en parte por el efecto de los términos de intercambio,
fundamentalmente el shock de los precios del petróleo,
y la tasa de devaluación del colón con respecto
al dólar. Pese a la importancia de este factor externo,
las causas internas entre ellas las pérdidas del Banco
Central siguen siendo los principales determinantes de la inflación.
Con respecto a la producción, los sectores de la industria y la agricultura
experimentaron una reactivación, luego de que en el 2004
se habían desacelerado. El sector servicios se mantuvo
como el más importante, aunque sufrió una leve desaceleración.
El sector manufacturero mostró una tasa de crecimiento
considerable (11,8% en 2005 frente a 3,6% en 2004) debido principalmente
al desempeño de las zonas francas, cuyo valor agregado
pasó de 8% en el 2004 a 25% en el 2005. El sector de transporte
y telecomunicaciones, pese a ser el segundo de mayor crecimiento,
en el 2005 creció 2 puntos porcentuales menos que en el
2004 (9.8% en el 2005).
La demanda externa se incrementó en un 12,6%, debido al dinamismo de las
exportaciones de bienes y servicios. Las primeras alcanzaron un
nuevo récord histórico, de 7.026 millones de dólares,
en tanto las exportaciones de servicios aumentaron un 12,2%, debido
a la expansión de las actividades turísticas. Las
exportaciones de la industria manufacturera aumentaron en 13,1%;
dentro de este sector, el mayor dinamismo se dio en las empresas
extranjeras bajo el régimen de zonas francas, en particular
los subsectores de electrónica, alimentos, productos químicos
y farmacéuticos y equipo médico y de precisión.
Por su parte, las exportaciones de bienes agrícolas se
expandieron en 5,5%; piña, café, plantas, flores
y follajes fueron los rubros de mayor crecimiento, y amortiguaron
la caída que sufrió la producción bananera,
por factores climáticos, a inicios del 2005 (PROCOMER,
2006).
La demanda interna -constituida por la inversión, el consumo y el gasto
de gobierno- creció un 5,4% frente a un 4,6% en el 2004.
Este escaso dinamismo en comparación con el comportamiento
de la demanda externa se debió a la reducción de
los gastos de inversión pública, acompañada
de una mayor contención del gasto de consumo del Gobierno.
Este último creció un 1,2%, menos que en el 2004.
El consumo final de los hogares mostró un incremento
del 3,9%, en tanto el crecimiento de la inversión fue de
11,5% en el 2005. Este último obedeció a la inversión
de la empresa privada en la compra de maquinaria y equipo, mientras
que la inversión en nuevas construcciones cayó tanto
en el sector público como en el privado.
El
ingreso nacional disponible (IND) registró un aumento de
3,7%, inferior en 2,2 puntos porcentuales al crecimiento de la
producción medida por el PIB, lo que se explica principalmente
por los recursos dedicados al pago neto a factores externos (gráfico
1.3). Esta brecha, persistente en los últimos años,
da cuenta de la desarticulación de la economía,
expresada en escasos encadenamientos productivos entre las empresas
extranjeras dedicadas a la exportación y las empresas nacionales.
Esto apunta a la necesidad de impulsar políticas de fomento
a las actividades productivas de las micro, pequeñas y
medianas empresas, que constituyen la mayoría, a fin
de promover una mayor contribución de la economía
interna al crecimiento del PIB y la generación de mayores
posibilidades de empleo, ingresos y disminución de la pobreza
(Matarrita, 2006).
En el año 2005 la economía abrió nuevas oportunidades de
empleo. Se registró un aumento que llevó el número
de ocupados a un total de 1.776.903 personas. Cabe aclarar, sin
embargo, que este incremento responde tanto al mayor crecimiento
económico del año, como a una mejor captura de la
información, sin que sea posible determinar la importancia
relativa de cada uno de estos elementos. El aumento registrado
en el empleo representa la mayor tasa neta de participación
del período 2000-2005; el 56,8% de la población
de 12 años y más estaba económicamente activa
en el año bajo análisis. La tasa neta de participación,
tanto para los hombres como para las mujeres, presentó
valores máximos; esta situación se manifestó
especialmente entre las mujeres, cuya tasa de participación
(40,4%) superó por casi 2 puntos porcentuales las mediciones
anteriores. Del total de ocupados registrados en el 2005, el 35%
corresponde a mujeres y el 65% a hombres. De acuerdo con el fuerte
incremento del empleo, las tasas de ocupación del año
2005 también fueron las más elevadas del período
2000-2005. Sin embargo, cabe destacar que, al mismo tiempo, la
tasa de desempleo abierto mostró un leve aumento (6,6%).
Por rama de actividad, el resultado que más llama la atención
es el incremento del 9,8% en el número de ocupados en agricultura
y ganadería (23.228 personas), pues la tendencia de los
últimos años era hacia la reducción del empleo
en este sector. Surge entonces la duda de si estas cifras reflejan
una reversión de la tendencia, o simplemente una mejor
captura de los ocupados en estas actividades (Sauma, 2006). En
el año 2004 había un total de 245.328 ocupados en
el sector agropecuario (incluyendo pesca), cifra que ascendió
a 269.975 en el 2005.
En materia de crédito, el crecimiento del crédito neto total fue
el menor de los últimos tres años, 19,4%, contra
un 26,2% en el 2004. Este comportamiento se explica por la importante
caída del crédito al sector público, que
mostró una tasa de crecimiento negativa, de 12,3%, en contraste
con los aumentos de 66%, 34% y 60% registrados en los tres años
precedentes. Esto se debió a que las necesidades de endeudamiento
del Gobierno fueron menores, dada la reducción del déficit
fiscal, y a que algunos de los títulos fiscales
adquiridos por los bancos comerciales en el 2004 vencieron en
el 2005 y el Gobierno decidió no renovarlos. Paralelamente,
el crédito al sector privado tuvo un incremento de 29,9%
en el 2005, 10 puntos porcentuales más que en el 2004,
fundamental-mente por el crédito otorgado por los bancos
comerciales al sector privado no financiero. Este renglón
representa cuatro quintas partes del crédito interno total,
su crecimiento es el más estable y fue de 29% en el 2005.
Inicio
En el ámbito fiscal las cuentas mostraron una mejora en el 2005
con respecto al año anterior. El déficit del
Gobierno Central, como proporción del PIB, disminuyó
de 2,7% a 2,1%, el resto del sector público no financiero
incrementó su superávit de 0,4% a 1,2% del PIB2
y el déficit del Banco Central aumentó
de 1,3% a 1,4%. De esta forma, el balance fiscal consolidado
para el sector público global pasó de -3,6% del
PIB en el 2004 a -2,3% en el 2005, el menor registrado en los
últimos cinco años. Las finanzas del Gobierno
Central explican más del 70% de la mejora en la posición
financiera del sector público global entre 2002 y
2005.
En el 2003 los ingresos tributarios aumentaron en 0,15 puntos porcentuales del
PIB, mientras los no tributarios lo hicieron en 0,25 puntos del
PIB. Del crecimiento real de 4,6% que registraron los ingresos
en el 2005, un 55% provino de un incremento en la recaudación
del impuesto de ventas ventas internas y ventas de productos importados
(ventas externas)-, y un 35% del impuesto sobre la renta. La Ley
de Contingencia Fiscal promulgada en el 2003 introdujo cambios
en algunos ingresos no tributarios, lo cual explica buena parte
del positivo desempeño en este rubro de ingresos. Entre
las mejoras logradas está el importante crecimiento de
la base de contribuyentes, particularmente en renta, donde se
observa un notable aumento durante los tres últimos años.
El número total de contribuyentes en renta y ventas creció
un 48% entre 2000 y 2005, con lo que en la actualidad se contabilizan
139.525 personas y entidades más que hace cinco años.
El 88,6% de este incremento corresponde a contribuyentes de renta.
Estos resultados reflejan un significativo aumento
en la base impositiva entre el 2003 y el 2005, proveniente en
buena medida de una mejora en la gestión de cobro. Sin
embargo, falta mucho camino por recorrer en esta tarea, ya que
existe una alta tasa de evasión en los tributos de ventas
y renta3. Además del combate a la evasión,
se requiere un sistema que propicie una mayor equidad y justicia
tributarias, gravando rentas de igual cuantía en forma
no diferenciada y ampliando la base impositiva para incorporar
a los sectores actualmente exentos del pago de impuestos, con
lo cual también se incrementaría la carga tributaria.
Además, hoy Costa Rica tiene diversas necesidades coyunturales
y estratégicas de gasto público que demandan una
carga tributaria más alta. Así por ejemplo, existen
importantes inversiones en infraestructura que se han dejado de
hacer en los últimos tres años, algunos pasivos
contingentes aún no están contabilizados y la economía
del conocimiento exige mayores inversiones en el área de
educación4.
En lo que concierne al gasto público, entre las estrategias utilizadas
para controlarlo se encuentra la práctica de trasladar
recursos a las entidades públicas en los últimos
meses del año, lo cual limita el tiempo disponible para
ejecutarlos. El Ministerio de Educación, el PANI, el FODESAF
y el CONAVI, entre otros, son instituciones que han sido afectadas
por la entrega tardía de fondos. Mediante esta y otras
prácticas, las autoridades han sido exitosas en reducir
los gastos del Gobierno, gracias a lo cual se logró una
mejora en el superávit primario en los últimos tres
años (2,1% del PIB). En este periodo los gastos sin intereses
se redujeron 1,6 puntos porcentuales del PIB y representaron el
78,3% de esa mejora. La mayor reducción (0,6 puntos porcentuales
del PIB) se registró en el 2003, mientras que tanto en
2004 como en 2005 alcanzó 0,5 puntos del PIB. Esta tendencia
decreciente podría reflejar el margen cada vez más
estrecho que han venido enfrentando las autoridades en los últimos
años, debido a las crecientes presiones sociales para aumentar
el gasto social y la inversión en infraestructura, así
como producto de la rigidez que muestran los gastos públicos
más significativos, tales como salarios, pensiones
e intereses (Rosales, 2006). De esta forma, los gastos de capital
y las transferencias corrientes son los rubros que más
han visto reducida su participación en los gastos totales.
En
materia de cuentas externas, entre 2004 y 2005 se observa un leve
deterioro en el comportamiento del saldo de la cuenta corriente,
que pasó de 4,3% a 4,8% del PIB, lo cual implica que se
mantuvo en el nivel promedio del último cuatrienio. Sin
embargo, ese saldo ha sido afectado por un incremento del déficit
comercial que se viene dando desde 1998 y que se ha agravado en
los últimos tres años; en 2005 llegó a representar
el 10,7% del PIB, frente a un 7,7% en el 2004. Entre las principales
causas de esta situación está el fuerte aumento
en el precio de los hidrocarburos, elemento crítico que
reduce el margen de maniobra de la política económica,
pues la magnitud de la factura petrolera obliga a hacer un esfuerzo
mayor para evitar un deterioro en las cuentas externas. Por otra
parte, la cuenta de servicios no financieros registró
un saldo positivo, de 1.140,2 millones de dólares, producto
de las actividades relacionadas con el turismo, que contribuyen
de manera sostenida a generar ingresos netos para la economía.
Las transferencias corrientes también mostraron, al igual
que en años anteriores, un saldo positivo. Cabe resaltar
que en el 2005 los ingresos por concepto de remesas familiares
se incrementaron en términos nominales en un 32% y llegaron
a representar el 2% del PIB (gráfico 1.4).
El financiamiento del déficit en cuenta corriente es cubierto
en un 89,7% por la inversión extranjera directa (IED),
que ascendió a 861 millones de dólares en el 2005
(equivalentes al 4,3% del PIB) y de los cuales el 48,7% fue reinversión.
De este modo continuó la tendencia observada en años
anteriores, y pese a la no aprobación del Tratado de Libre
Comercio entre Centroamérica, Estados Unidos y República
Dominicana. El 80,4% de la inversión tuvo como origen los
Estados Unidos y la mayor parte se dirigió a las zonas
francas. Esta dependencia de la IED para financiar un creciente
déficit de cuenta corriente constituye una vulnerabilidad,
pues una interrupción repentina en el flujo de estos
recursos podría poner al país en una situación
difícil (Matarrita, 2006).Mejorar la posición competitiva
de Costa Rica en materia de IED requiere la atención de
ciertas necesidades relacionadas con el clima de inversión.
En particular hay cuatro áreas en las cuales se debe actuar
en el corto plazo: régimen de incentivos, telecomunicaciones,
recur-so humano y trámites (CINDE, 2006). El amplio régimen
de incentivos tributarios que Costa Rica otorga a las zonas francas
debe ser sustituido, tanto por razones asociadas a los acuerdos
de la OMC, como por los débiles encadenamientos fiscales
que propicia. Además resulta paradójico que la IED,
que demanda grandes cantidades de recursos humanos calificados,
no contribuya fiscalmente para financiar los sistemas
de formación del país.