PROLOGO


Tiempo de transición política

Por tercera vez en su historia, el Informe Estado de la Nación sale a la luz en tiempos de transición política. Cuando esto sucede, el Informe documenta lo acontecido en el último año de un período constitucional, presenta los resultados electorales y se detiene en los principales desafíos del desarro-llo humano sostenible con los que el nuevo Gobierno y la sociedad se topan, y que no necesariamente enfrentan. Estos años de transición son complejos, aunque por lo general han sido de bajo riesgo mani?esto para esta publicación1; también son años en los que se renueva cierta esperanza. De esta manera, todo parece indicar la necesidad de otorgar el énfasis mayor del Informe a las relaciones políticas. Pero no podemos ignorar que lo político, en la Costa Rica de hoy, condensa y expresa la acumulación social de un largo peregrinar de más de una década, no siempre fácil ni lineal, en la modifcación de un estilo de crecimiento económico y de distribución de oportunidades entre las y los habitantes del país.

Época insuficiente y de malestar ciudadano

Como lo sintetizó el Décimo Informe, el último decenio no fue una época de estancamiento, tampoco otra “década perdida”. Sin embargo, desde una perspectiva estratégica, fue una época insufciente que, además, partió de una situación menguada por la crisis de la deuda de los ochenta. La nueva eco-nomía resultó muy dinámica, pero con débiles encadenamientos. La ausencia de políticas de fomento a las activida-des productivas de la mayoría de las empresas (micro, pequeñas, medianas) ha sido señalada como una de las de?-ciencias más severas en las acciones adoptadas en Costa Rica para impulsar el crecimiento económico con bienes-tar para la gente. Así, las políticas de fomento se desplazaron principalmente hacia sectores de la nueva economía, con débiles encadenamientos sociales (no generan empleo en forma masiva), productivos (importan sus insumos, rea-lizan escasas compras internas, envían sus ganancias como pago a factores externos) y ?scales (pagan pocos o del todo no pagan impuestos), con algunas excepciones notables, como pueden ser el turismo ecológico y ciertas activida-des agropecuarias de exportación no tradicionales.Una época que inició con la consolida-ción de un nuevo estilo de desarrollo se encuentra, hoy en día, con una sociedad enzarzada en crecientes con?ictos dis-tributivos sobre posesiones y posiciones. El crecimiento por sí solo resultó insufciente. La advertencia consignada en el Segundo Informe Estado de la Nación, sobre la necesidad de combinar metas económicas y sociales para salir del atascadero era, además de ética, extremadamente realista: crecimiento y estabilidad con fortalecimiento de la inversión social y redistribución del ingreso en favor de los más pobres,siguen siendo los grandes imperativos de nuestra nación. La forma en que se concretaron estos propósitos a lo largo de la última década fue: 4% de mayores ingresos para los sectores más pobres,6% del PIB para educación, 4% de inflación y 6% de crecimiento anual.Pero solo se avanzó parcialmente en algunas partes de ese conjunto; en otras se involucionó (Programa Estado de la Nación, 2004). Lo que se pretendía fuera el incremento del ingreso adicional a favor de los más pobres, se convirtió en un decremento de casi el 50% en los ingresos de estos, que pasaron de apropiarse el 6% del ingreso nacional, a obtener tan solo el 4% (INEC, 2006). Además, en los años recientes se deterioraron los ingresos autónomos de los hogareso de los ocupados, así como los ingresossociales; ambas reducciones afectan a la población de manera generalizada.

Reconstruir el entusiasmo

Así las cosas, no es posible esperar un clima entusiasta mientras se achican los ingresos, aumenta la desigualdad, se reducen los ingresos sociales, se deterioran servicios básicos de salud, seguridad, vialidad y, al borde del paroxismo, se acumula un crecimiento muy notable del PIB, de las exportaciones y, también, de las ganancias del sector financiero. Nueva economía boyante, pero sin mayores encadenamientos productivos, sociales y fiscales, magros resultados para la gente.

Ese estilo, por cierto, requiere corrección si se desea contar con la voluntad de las personas. Hoy tenemos una imperiosa necesidad de renegociar entre nosotros. Después de todo, la democracia no es solo un procedimiento para elegir; es un acervo de resultados y oportunidades que reclama la ciudadanía, especialmente después de largos años de promesa democrática creciente y una decreciente “capacidad de hacer”, por parte del Estado, como bien lo reflejaron las últimas elecciones.

El proceso electoral mostró un sistema político asediado por el malestar ciudadano. Abstención elevada, clima electoral frío, participación limitada y un resultado sin triunfadores. Nadie tiene el poder suficiente para reclamar un mandato y desarrollar exclusivamente su propio programa; ninguna de las principales fuerzas acumuló más allá de una cuarta parte del electorado
en la votación presidencial. De esta forma, se impone la necesidad de gobernar sobre la base del entendimiento, en primerísimo lugar, con la población que exige atención a sus demandas y sobre todo redistribuir los beneficios lo mismo que los aportes y sacrificios. Son muchos los asuntos que se acumulan, unos sobre otros. El país no logra traspasar umbrales críticos, particularmente en la adaptación de sus instituciones. Hay muchas tareas pendientes, y la más apremiante de todas es la fiscal, sin la cual las demás son imposibles, o se malograrían en un escenario de inflación, inestabilidad y empobrecimiento.

Para poder sacarlas adelante es necesario reducir el temor y la desconfianza recíproca entre las fuerzas políticas y sociales, que han resultado paralizantes en los últimos años. En nuestras relaciones de confianza todavía vivimos algunos de los efectos de la última “guerra caliente de la Guerra Fría” que se libró hace pocas décadas en Centroamérica. Pero ni siquiera aquella polarización alcanza ya para cimentar un apoyo específico a la política. Ahora, la valoración de la democracia se forja en los puntos de contacto directo entre la ciudadanía y las instituciones. La eficacia, el buen trato, el uso adecuado de los recursos, la ausencia de corrupción y tráfico de influencias, el castigo a los que incurren en falta, son lo que cuenta para lograr legitimidad. En este sentido, el impulso, desde la política, de un conjunto de reformas económicas restrictivas muy de fondo, incluido el achicamiento del Estado, ha generado una distancia creciente entre una promesa electoral de mayor bienestar, una Constitución que la consagra y “las duras realidades de gobierno”. En consecuencia, se duda de la política, de los políticos, prácticamente de cualquier representación, sea política o social, de la estructura institucional y hasta de tener un destino común como nación.

Gobernabilidad es el nombre del juego

Estos son problemas de gobernabilidad prácticos y acuciantes, que se agudizan con algunas tendencias del Estado. El logro de transformaciones para mejorar la eficiencia de las instituciones se ha dificultado por muchos motivos, entre ellos el estrujamiento generado por el servicio de la deuda y la escasez de recursos. Se dejó de lado a un “funcionariado” estable, con margen de autonomía técnica, y se sustituyó el mecanismo de descentralización institucional por una coordinación basada en la influencia política. Hoy la toma de decisiones no se basa finalmente en los planes y objetivos forjados en muchas instituciones, sino más bien en las decisiones de directivos nombrados según el “cuatro-tres”, que se convierte en “siete-cero”, cuando hay repetición de partido en el Gobierno. Se pierde así responsabilidad y autonomía alrededor de la misión institucional. Por supuesto que se han creado contrapesos, en la forma de trámites y controles, que no necesariamente sorprenden al “clientelista”, al corrupto o al despilfarrador, pero sí causan entrabamiento.

Además, en razón de los cambios en la correlación de fuerzas y de prácticas políticas, en la Costa Rica actual no se puede gobernar ni administrar objetivos, ni construir coaliciones con algún grado de estabilidad; apenas se pueden crear mayorías parlamentarias fugaces, con alcances reducidos y logros mínimos. Es poco lo que se puede hacer, es muy inestable lo que se logra, esmucha la impaciencia ciudadana que se genera. Así, sistemáticamente no solo pierde el partido político en el Ejecutivo, en medio de acusaciones de ineptitud y falta de rumbo, sino que pierde, y mucho, el sistema político en su conjunto, como se ha podido constatar y como queda documentado en el presente Informe.

El Informe Estado de la Nación

La extensa cita de Munro que se consigna en el recuadro 0.1 nos recuerda la importancia de saber valorar los caminos singulares que recorrió el país en el pasado, así como la necesidad y conveniencia de retomar esa senda. Pero también, reconociendo la diferencia de escalas, permite confirmar la tarea del Informe Estado de la Nación: dotar a la sociedad de instrumentos de fácil acceso para conocer su evolución, desarrollar instancias de rendición de cuentas, fortalecer mecanismos de participación y negociación, y contribuir a la formación de consensos nacionales. Esta es una iniciativa independiente, cuya misión es mejorar el acceso de la ciudadanía a información amplia, oportuna y veraz sobre los asuntos de interés público. Informar es construir democracia y favorecer canales de procesamiento de intereses, y hasta de conflictos.

El oficio de informar con credibilidad y balance es difícil y no está exento de riesgos. A este punto, luego de doce informes nacionales y dos regionales centroamericanos, lo protege una importante acumulación de prestigio y un método, que no es otro que el propio del conocimiento científico: prevalecen las nuevas conclusiones en el tanto sean producto del estudio riguroso y fundado, pero a la vez, a cada paso, el nuevo conocimiento y las críticas sugieren los nuevos desafíos de investigación. Por esto se promueve la crítica, sea cual sea y sin importar su origen, como herramienta para la construcción de resultados.

Pero además, y desde siempre, desde adentro, a esta iniciativa la han protegido los mecanismos de pesos y contrapesos y los procedimientos que depuran, seleccionan y precisan los contenidos y la estructura del Informe. El Consejo Consultivo, conformado por distinguidas personalidades nacionales, reconocidas por su trayectoria personal y su orientación hacia la búsqueda del desarrollo, es el responsable sustantivo del documento, pues esa misión le fue encomendada por el CONARE y la Defensoría de los Habitantes al constituir el Programa Estado de la Nación. Para efectos de investigación se identifica y articula una vasta red que involucra a académicos, consultores temáticos y fuentes de información. Además, en dos o tres talleres de consulta para cada capítulo, especialistas y representantes de sectores sociales e institucionales acompañan el proceso de preparación del Informe, y se encargan de depurar las conclusiones y precisar las valoraciones. La participación responsable e informada es la que moldea los productos. Un equipo técnico central realiza la muy compleja tarea de gestionar proceso y traducir los mandatos, sugerencias y hasta desacuerdos de las diversas instancias y grupos, a un texto que debe ser riguroso, fundado, balanceado y, además, comprensible y atractivo para la opinión pública.

En ese proceso se manifiestan las tres orientaciones del Estado de la Nación: rigor académico, legitimidad social y amplitud en la difusión.

Rigor académico. El Informe tiene como fundamento la articulación de las capacidades de investigación de las universidades
públicas, lo que le ha permitido obtener información y análisis pertinentes y de calidad sin crear estructuras complejas. Este año se sistematizaron casi 600 referencias bibliográficas y se emprendieron alrededor de 55 estudios especializados. Esta práctica ha generado una corriente de investigación sobre el desarrollo humano sostenible y nuevas políticas de indagación científica y social en los ámbitos nacional y subnacional. Asimismo, al sistematizar datos de muy variadas fuentes se ha tenido una incidencia real en la formulación de indicadores, desde su identificación hasta los métodos empleados, pasando por el abordaje de temas antes poco tratados en el país.

Legitimidad social. Para obtener arraigo y legitimidad se han diseñado formas de operación que son parte esencial del proceso de elaboración del Informe, ya brevemente comentadas en líneas anteriores.

Amplitud en la difusión. La tercera orientación es lograr la máxima difusión de los informes, de otras publicaciones y del Programa Estado de la Nación como tal. Algunas características de esta estrategia son:

  • Énfasis en la relación directa: presentaciones a grupos o sectores, talleres, foros entre académicos, organizaciones sociales, docentes y estudiantes, funcionarios públicos y comunicadores.
  • Promoción de publicaciones, artículos y reportajes en prensa escrita, radio y televisión.
  • Portal en Internet, con un elevado volumen de visitas, tanto nacionales como del exterior.
  • Desarrollo de acciones comunales,para llegar a muchos lugares del país.
  • Desarrollo de actividades con el sistema educativo, que se han expresado en acciones como: realización de
    cursos de actualización para docentes y asesores; publicación del libro Costa Rica contemporánea, raíces
    del estado de la nación
    , para la educación secundaria y cursos introductorios universitarios; uso de las
    publicaciones en los cursos sobre realidad nacional que imparten las universidades y elaboración de módulos didácticos para la educación primaria y secundaria, así como para las escuelas a las que asisten niños y niñas migrantes.

    A partir del año 2005 el Informe incluye una nueva sección, que recoge proposiciones, debates y aportes, con una orientación más práctica. Dos capítulos especiales, “Universalización de la educación secundaria y reforma educativa”, en la undécima edición y “Hacia una red vial moderna y eficiente. Opciones y desafíos prácticos”, en este Duodécimo Informe, procuran introducir un debate propositivo sobre política pública en ciertos temas en los que esta publicación, a lo largo de los años, ha reunido un importante cúmulo de información y análisis. Esperamos, de este modo, ayudar a construir algunas premisas de acuerdos nacionales que nos deparen entusiasmo y sean parte de una hoja de ruta hacia una nueva era de progreso social, crecimiento económico arraigado y perfeccionamiento de nuestras instituciones democráticas. Esta es una buena razón para existir.


Miguel Gutiérrez Saxe
Director
Programa Estado de la Nación

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