| ESTADO DE LA REGION | ||
RESUMEN |
Parte I | |
| Una y muchas Centroaméricas | ||
| La primera parte del
informe regional explora la siguiente pregunta: ¿qué es Centroamérica? El presupuesto
de la existencia de una identidad regional fue históricamente el sustrato de los
esfuerzos integracionistas, en los siglos XIX y XX. La idea de que los y las
centroamericanas eran parte de una misma unidad histórica y geográfica fue la premisa
para una conclusión: "debemos volver a ser uno". Los conflictos generados por
los adalides y los opositores a esta idea fueron, en cierta medida, luchas entre quienes
se arrogaban la calidad de ser los verdaderos intérpretes de esa identidad regional. Una
de las consecuencias de este hecho, ciertamente una no deseada, fue la cristalización de
arraigadas alianzas opositoras con visiones encontradas sobre Centroamérica. A diferencia de los anteriores intentos, los esfuerzos de integración regional en la presente década coinciden con la extensión de la democracia a todos los países centroamericanos. El feliz encuentro entre integración y democracia, sin embargo, ha puesto de manifiesto la complejidad del entramado social y cultural de la región, que en virtud de la institucionalidad democrática no puede ser obviado por los nuevos esfuerzos integracionistas. Nuevas voces centroamericanas, las de los indígenas, los negros, los campesinos, los artistas y los trabajadores, sobre lo que es o debe ser la integración, de lo que nos une o nos desune como centroamericanos, se suman a las voces que tradicionalmente se hacían escuchar: las institucionales, empresariales y políticas. Tenemos hoy, pues, un concierto de voces más libre y amplio que antaño. Esta irrupción de nuevas voces con visiones distintas, que no necesariamente alternativas, de "lo regional", probablemente tenga, o está teniendo ya, efectos sobre los esfuerzos de integración. A diferencia del pasado, estos ya no pueden plantearse puramente en el plano institucional, como acuerdos entre países, sino que deben darse también en el plano social, como lazos que encadenan grupos y sociedades. Esto requerirá hurgar, con mayor precisión, en lo que voces representativas de los actores centroamericanos piensan que, a pesar de todas nuestras diferencias y distancias sociales, económicas y culturales, nos une como centroamericanos. Por qué y cómo somos centroamericanos, resulta hoy una interrogante de enorme importancia política, y no un presupuesto para la acción. Hoy en día esta pregunta no puede formularse sin el reconocimiento democrático de nuestra pluralidad social, cultural y política. Esto obliga a preguntarse si lo centroamericano implica "borrar" las identidades nacionales o subnacionales. Si no, ¿cómo piensan los actores que estas identidades juegan en la consolidación de una identidad regional? Que debamos poner mucha atención a esta pluralidad de voces quizá no sea una condición indispensable para la integración regional, especialmente cuando actores externos a Centroamérica tratan al istmo como una región. El istmo puede siempre integrarse "malamente", es decir, sobre bases que poco o nada tienen que ver con las aspiraciones de los y las centroamericanas. Sin embargo, una integración anclada sobre bases democráticas tiene como tarea ineludible nutrirse de la pluralidad social y cultural de la región. La pregunta de ¿qué es la región? implica, obviamente, su contrario: la pregunta que nos recordó Edelberto Torres Rivas, ¿en qué no estamos siendo una región? Lo que nos une como centroamericanos debe mantener un ojo avizor sobre lo que "nos desune". Es importante no dejar implícita esta cuestión. Aquello que "nos desune" es análogo a las fallas geológicas que fracturan un territorio y lo exponen de vez en cuando a movimientos sísmicos. Estas fracturas recorren los tejidos de las sociedades centroamericanas; son diversas, pero profundas e inquietantes. Si a los ojos extrarregionales somos, casi por definición, una región -esa colección de pequeños países atrapados entre mares-, en la experiencia nuestra, ojos más avezados, sabemos que no somos región en muchas cosas; diariamente palpamos esas fracturas. La primera parte del informe aborda, pues, el tema de la pluralidad social y cultural de Centroamérica. Comprende dos capítulos. En el Capítulo 2 se formuló la pregunta ¿qué es Centroamérica? a un conjunto diverso de centroamericanos. El resultado de la consulta fue que Centroamérica significa distintas cosas para distinta gente, o más precisamente, que existen diversas visiones sobre lo que la región es y debiera ser. La implicación práctica de este hallazgo es grande, pues permite plantear la hipótesis de que las relaciones internacionales en la región, y el proceso de integración regional, tienen como sustrato esta polifonía de visiones, para las cuales es necesario crear puntos de encuentro y reconocimiento mutuo. El Capítulo 3 estudia el tema de la regionalidad desde otro ángulo: independientemente de las visiones sobre Centroamérica, la multiculturalidad y complejidad de las sociedades asentadas en el istmo es un presupuesto para la promoción del desarrollo humano sostenible. Mediante una técnica cercana al collage, este capítulo embroca diferencias sociales, económicas, culturales, de género y edad que entrecruzan los tejidos sociales en Centroamérica. Subraya que la gran diversidad social y cultural en el istmo es una forma de inclusión, pues implica reconocer actores sociales, muchos de ellos "invisibles" o "ausentes" en los grandes esquemas integracionistas. Es con ellos, y no sin ellos, o contra ellos, que en una era democrática la región debe existir. Ambos capítulos arrojan elementos para debatir en qué no estamos siendo una región, al identificar fracturas regionales o fallamientos que desarticulan cualquier intento de deducir una Centroamérica de los mapas. Primero, en el istmo los litorales del Pacífico y el Caribe han estado de espaldas, cultural, política y físicamente. Segundo, las poblaciones indígenas han sido excluidas de los beneficios del progreso social y del quehacer político. Tercero, los países presentan desequilibrios internos, que afectan la viabilidad de las propuestas de integración. Finalmente, Panamá se muestra cerca y lejos de Centroamérica, una duda histórica recíproca que es, aún, un tema abierto. |