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Cultura Política

  • 07/11/2017 Apoyo ciudadano a la democracia mejora, pese a que electores continúan reflejando apatía política

    COMUNICADO DE PRENSA

    Apoyo ciudadano a la democracia mejora, pese a que electores continúan reflejando apatía política
     
    • En 2016 el índice de estabilidad democrática, que mide el apoyo a la democracia y la tolerancia política fue de 42 en una escala de 0 a 100; representa una mejora significativa, ya que en 2014 fue de 29.
     
    • Entre junio de 2011 y agosto de 2017, en promedio, el 61% de la población no simpatizaba con ningún partido, lo que refleja el profundo desencanto con la política.
     
    7 noviembre, 2017. En el marco de la celebración del “Día de la Democracia Costarricense”, el Informe Estado de la Nación 2017 destaca que la tolerancia política y el apoyo ciudadano a la democracia mejoraron de manera significativa durante 2016, lo que revirtió una tendencia de erosión de ambos indicadores en el largo plazo; no obstante, la situación predominante a poco más de un año de las elecciones presidenciales de 2018 refleja apatía política por parte de los electores.

    Hace cuatro años, en la campaña electoral de 2013-2014, los principales indicadores políticos estuvieron en los niveles más bajos desde que se tiene registro. El Informe Estado de la Nación del 2013 había anunciado que el país iniciaba la campaña en el contexto más adverso desde 1978, cuando empezó a realizarse la encuesta “Barómetro de las Américas, la cual mide el índice de estabilidad democrática. En 2012 y 2014 el país llegó a su nivel más bajo, con un indicador de 29, en una escala de 0 a 100.

    Con los más recientes datos, el Informe da cuenta de que el escenario mejoró desde el punto de vista estructural. Durante 2015 hubo un primer repunte y en 2016 se registró otra mejora que elevó el indicador a 42, un valor muy cercano al promedio de toda la serie, que es de 45 puntos, lo que sugiere que los fundamentos de la democracia costarricense siguen siendo sólidos.

    Sin embargo, a pesar de los indicadores positivos registrados en términos de la estabilidad democrática, persisten al mismo tiempo una serie de condiciones adversas para la competencia política. Por un lado, los datos sobre los factores coyunturales asociados al quehacer de las instituciones dan cuenta de una fuerte apatía política entre la población. El descontento ciudadano está muy extendido en todo el país.

    La situación económica se mantiene como uno de los rubros peor evaluados en este contexto. Ello se debe, entre otros aspectos, a la incapacidad del sistema político para generar mejores condiciones de empleo, así como a expectativas de deterioro económico y financiero del Estado. En cuanto al desempeño específico de los asuntos políticos, en promedio la mitad de la población manifiesta descontento, y solo una de cada tres personas expresa interés en la política.

    Asimismo, el comportamiento de apatía política previo a las elecciones de 2018 es radicalmente opuesto a lo que experimentó el sistema político hace más de dos décadas. El alineamiento partidario, medido con el indicador de las simpatías que expresan los ciudadanos hacia los partidos, cuenta una historia de profundo desencanto con la política. A inicios de la década de los noventa hubo una etapa de fuerte identificación en este ámbito: en 1993, un año antes de los comicios, los partidos Liberación Nacional (PLN) y Unidad Social Cristiana (PUSC) de manera agregada atraían a un promedio del 94% de las personas consultadas.

    A partir del año 2000 se dio un realineamiento. Fue un período de erosión del bipartidismo por diversos motivos. Alrededor del año 2011 el desalineamiento se intensificó: la mayoría de la población dejó de manifestar afinidad clara con alguna de las múltiples organizaciones políticas. De acuerdo con la información disponible, entre junio de 2011 y agosto de 2017, en promedio, el 61% de la población dijo no simpatizar con ningún partido.

    Es evidente que la transformación en la cultura política costarricense, en los últimos veinte años, ha influido sobre el comportamiento electoral de la ciudadanía. Dos indicadores que permiten medir los cambios en las preferencias de los votantes son la volatilidad electoral y el “quiebre” del voto. La volatilidad, que muestra la proporción de las personas que en una campaña apoyaron a un partido político y en procesos posteriores cambiaron de opinión y decidieron respaldar a otro, ha aumentado de manera significativa desde 1998, cuando se produjo la ruptura del bipartidismo y la llegada de nuevas fuerzas a la arena política. No obstante, se mantiene por debajo de los valores registrados a inicios de la década de los sesenta y finales de los setenta. El “quiebre” del voto, que representa los votantes que apoyan a una agrupación en la papeleta presidencial, pero no en la nómina para la elección de diputados y diputadas, también muestra un crecimiento sostenido desde 1982; este fenómeno llegó a su punto máximo en la elección de 2010 y se redujo levemente en la de 2014.

    Ante el contexto político experimentado en el país, los datos del Informe 2017 también alertan sobre la existencia de amplias diferencias en cuanto a la organización y desempeño de los partidos; es posible afirmar que en el ecosistema partidario cohabitan grupos con larga trayectoria, amplias capacidades organizativas y mayores posibilidades de conexión social y cobertura de todo el territorio, con otros más reducidos en estructura y alcance de su base social. Conocer a las agrupaciones políticas por dentro y delinear sus perfiles organizativos permite analizar con mayor precisión su desempeño y prever amenazas para la democracia, especialmente en un escenario donde predomina la apatía política por parte del electorado costarricense.

    Cuando hay partidos débiles en organización, el sistema político tiende a mostrar las siguientes características: alta volatilidad, conflictividad en la relación entre los poderes Ejecutivo y Legislativo, ineficiencia de las políticas públicas y emergencia de candidatos antisistema. La mayoría de estos rasgos se viene observando en Costa Rica durante la última década.

    El estudio de los actores en competencia, realizado para el más reciente Informe, refleja que a los comicios del 2018 concurrirá una amplia oferta partidaria que, sin embargo, difiere mucho en los niveles de desempeño electoral y de organización a lo largo y ancho del territorio. Un ejemplo de esto es el estudio de las cúpulas partidarias, que refleja que hay tres clases de partidos. El primer grupo exhibe altos niveles de personalismo. Son agrupaciones cuyo fundador ha estado al mando casi el 100% del tiempo de existencia de la organización. Son los casos del Partido Accesibilidad Sin Exclusión (PASE), Renovación Costarricense (RC)  y el Movimiento Libertario (ML). Un segundo grupo tiene niveles intermedios de personalismo, con líderes que han ocupado posiciones de mando durante poco más del 50% del tiempo de existencia de sus agrupaciones. En estos partidos la participación del líder fundador fue muy importante en los años iniciales, pero luego hubo procesos de inclusión de nuevos liderazgos, que son los que dirigen la acción política en la actualidad. Esto es lo que ha sucedido en el Frente Amplio (FA) y el Partido Acción Ciudadana (PAC). El tercer grupo lo conforman las organizaciones con mayor tradición en la política costarricense: el Partido Liberación Nacional (PLN) y el Partido Unidad Social Cristiana (PUSC). Ambos muestran una amplia base de líderes en sus puestos de dirección partidaria.

     
    Por otro lado, cinco de los siete partidos políticos analizados no garantizan en la práctica una amplia participación femenina en sus cúpulas. Las excepciones son el PAC y el PASE, donde la mitad de los cargos han sido desempeñados por mujeres. El peor escenario lo tiene Renovación Costarricense: su cúpula partidaria ha estado conformada por 31 personas, de las cuales solo cinco, o un 16%, han sido mujeres.

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    Para más información:

    María Laura Brenes Mata / This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it. / 2519-5863

  • Cultura Política en Costa Rica

    Cultura Política

    El Barómetro de las Américas del Proyecto de Opinión Pública de América Latina (LAPOP, por su sigla en inglés) es un instrumento excepcional para la evaluación y comparación de las experiencias de los ciudadanos con la gobernabilidad democrática entre los individuos dentro de los países, a lo largo de las regiones sub-nacionales, entre los países y a lo largo del tiempo.


     

  

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